martes, 22 de enero de 2008

El viaje a Cruz del Eje

Me levante un viernes en la localidad de Capilla del Monte, en la provincia de Córdoba, sabiendo que era 18 de Enero, el 25° aniversario de la muerte del Doctor Illia, un hombre que nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires, que fue médico, que ejerció su profesión en Córdoba, más específicamente en una ciudad que vivía de los trenes, como es Cruz del Eje, que consiguió su casa gracias al aporte de los vecinos que se la regalaron debido al amor que el ponía en su profesión, que fue nuestro presidente, que cruzaba a la plaza de mayo sin miedo para leer el diario cerca de su gente, que salía a saludar a los trabajadores que arreglaban la quinta de Olivos, que iba a la Casa de Gobierno en Colectivo, que respeto a “rajatabla” la Constitución a pesar de las presiones de las por entonces muy fuertes fuerzas armadas, que nos devolvió algo tan importante como es el petróleo, que impulsó la sanción de la “ley del salario mínimo, vital y móvil” y de la “ley de medicamentos”, que llevo el presupuesto de educación del 12% que era en 1963, al 23% en 1965, que el PBI ascendió de un -2,4% al 9,1%, que puso en marcha el Plan Nacional de Alfabetización, que redujo en un casi 25% la deuda externa y de un 8,8% a un 5,2% la desocupación, que terminó su mandato con menos dinero del que contaba al asumir, y no solo eso, sino que también lo terminó con una valentía que no mucho otros hubiesen tenido, dando una gran enseñanza democrática a quien lo desalojara de la Casa de Gobierno, el Coronel Perlinger, quien en 1976 escribiera sobre el Doctor “...Entonces el doctor Illia serenamente avanzó hacia mí y me repitió varias veces: Sus hijos se lo van a reprochar. ¡Tenía tanta razón! Hace tiempo que yo me lo reprocho porque entonces caí ingenuamente en la trampa de contribuir a desalojar a un movimiento auténticamente nacional. Usted me dio esa madrugada una inolvidable lección de civismo...” Él, que resistió hasta el último momento en su despacho junto a algunos de sus ministros, de sus asesores, de sus diputados, de sus senadores, de sus correligionarios, de sus simpatizantes, de sus amigos, el principio del fin que significo la dictadura de 1966, que solo nos recuerda a la “noche de los bastones largos”, a la “fuga de cerebros”, al “Cordobazo”...

Hacia el hogar que le hicieron sus vecinos y pacientes, estaba decidido a ir, mejor dicho, a volver a ir, porque ya he tenido el placer de estar ahí, pero esta vez era distinta, era el 25° aniversario de su muerte.

Fui a la estación de micros de Capilla del Monte, a tomar el “Ciudad de Córdoba”, (empresa de micros interurbanos y urbanos de aquella provincia hermana que es Córdoba) de las 11.40, pero llegó a las 12.00. El viaje duró 40 minutos, y el cielo estaba oscuro y lluvioso. Llego a la terminal y me pongo en marcha hacia lo que había sido su hogar, y al llegar a las 12.40 veo que cerraba al mediodía, de 12.30 a 17.30, es decir, que la mala suerte estaba conmigo, y todo por ese micro... Que cosa esta, en el aniversario de su muerte, cerraban al mediodía, que decepción... y no solo eso, sino que llovía y llovía, hacia tiempo que no sucedía en aquella zona serrana, pero en ese momento recordé que dicen que cuando llueve, el cielo llora por la muerte de una gran persona, y que cosa esta, el cielo lo recordó, y eso me genero una gran satisfacción, una gran felicidad.

Sin agachar la cabeza decidí ir al Comité cruzdelejeño, el cual un abuelo que se encontraba sentado en una medianera vecina, me dijo dónde era. Me puse en marcha y llegando a el, un vecino se encontraba sentado dentro de su casa con la puerta abierta, en una mesa escribiendo algo que no sabía lo que era. Le pregunté por el Comité, y el me lo señalo, y le quise comentar que hacia por allí, y como adivinándome el pensamiento, me dijo que era el aniversario de la muerte del Doctor. La verdad, me había alegrado el saber que un vecino lo sabía. Agradecido, estaba por cruzar al Comité, y me dijo que seguramente estaría cerrado, pero que en una casa frente a la suya, vivía un radical que había sido funcionario.

Inmediatamente me puse en marcha, y toque el timbre de la casa del correligionario. Una señora me atendió pero fue muy cortante bajo la excusa de que se estaban yendo al hospital, que ahí vivía un “ex militante”, pero que ya no estaba mas en nada, no sé que significara “no estar mas en nada”, pero esa fue su respuesta...

Volví a lo del vecino que estaba sentado escribiendo, y seguimos nuestra charla sobre el Doctor, hablaba con gran admiración de él, me comentó que en la casa de al lado vivía un amigo personal de él, pero que lamentablemente había fallecido hacia poco más de un año. Que todos lo radicales que habían estado con Illia habían fallecido, que ya no quedaba ninguno, como si el radicalismo hubiese desaparecido con él. Mientras hablábamos vi un banderín de señalero de trenes, y como mi abuelo también era ferroviario, la charla se desvió hacia otros ámbitos de riel. Me habló sobre como el “General” había comprado unos vagones en 1950, que son los mismos que hoy circulan por las vías de la línea General Roca, entendiendo cual era su ideología política La verdad es que ahí me sorprendí aún más, que un “compañero” me haya invitado a pasar a su mesa y a hablar del Doctor con una gran admiración, y que un “correligionario” me haya cerrado la puerta en la cara. Ahí también no discutí, a pesar de las diferencias ideológicas, por su cordialidad y amistad con un “forastero”, que supo brindar de una manera muy cálida, mientras que un “correligionario”, ni me atendió, y no solo eso, sino que me quedé frente a su casa durante mas de media hora, en lo de mi nuevo conocido, y nadie salió al hospital...

Igualmente no me resignaba a pensar que el Comité estuviera cerrado, y fui... y lo estaba. Entonces le pregunté al “compañero” por el Concejo Deliberante y resultó que su hijo era concejal por el justicialismo, es decir, que estaba bien en la “salsa peronista”, y me supo decir como ir, pero al llegar, sólo encontré a una muchacha en administración que me dijo que no había nadie.

Una cosa, durante todas las cuadras que caminé, todas las personas con las que traté, pregunté si había algún acto en honor a nuestro gran correligionario, y estaban los que me decían que no sabían, y los que me decían que no. Solo algunos vecinos resignados por el olvido del pueblo lo recordaban. Pobre Illia, que sus correligionarios cruzdelejeños lo hayan olvidado así.... Finalmente volví de Cruz del Eje, sin poder ir a la casa del Doctor, con un “correligionario” que no me atendió, con un “compañero” que me invitó a su mesa.

Al llegar a Capilla del Monte, me enteré que muchos “correligionarios” se mantienen incomunicados ya que el peronismo los mantiene “comprados”. Vi con mis ojos, escuche con mis oídos, a la pobreza que los invade, a los desastres que hace el justicialismo en estas localidades del interior de nuestro extenso país, y que seguramente sean un reflejo de muchas otras.

En este viaje me di cuenta que no solo hay personas a nivel nacional dentro del partido radical, que no permiten el recambio de referentes, sino que también las hay a nivel local, y eso me da más miedo aún... conociendo que en el interior solo hay dos ideologías, la radical y la justicialista, sin dejar el espacio a una tercera, saber que la gente vota a los peronistas porque por lo menos cambian las figuras, mientras que de parte del radicalismo ven siempre las mismas caras, que ya están desgastadas, votando así al mal menor, llevando así a la atrofia a esa ideología, ¡Nuestra Ideología! , que tuvo a personas como Alem, Yrigoyen, Larralde, Balbín, Lebensohn, Illia, Rojas, y tantos otros...

Espero que un día nuestra ideología Radical se recupere, y vuelva a ser lo representativa y republicana como supo ser, que busca el progreso, la distribución, la justicia, y por sobre todas las cosas, el fortalecimiento de la democracia, que no es algo meramente económico o asociado al liberalismo, sino que sea tomada en cuenta como debiera ser, con su función social, verla como una forma de vivir el día a día, de pensar, de sentir, de compartir, de ser solidarios, de pensar en el otro. Eso es lo que la gente espera en el interior de nuestro país, ellos están cansados del peronismo, de su corrupción, de su fraude, pero mas aún de las mismas caras que el radicalismo ofrece, que no son muy distintas a las del peronismo, pero esa es la diferencia, el radicalismo no cansó, cansaron las mismas caras, mientras que el justicialismo si ya está desgastado.

El régimen entró a nuestro partido, y nosotros como causa, debemos de salvar nuestra ideología RADICAL, como Alem e Yrigoyen, salvaron a nuestro querido país. La gente espera esa renovación, ansia esa renovación, que el radicalismo recupere ese espacio que dejó libre. Esta es nuestra obligación frente a nuestros antecesores, esta es nuestra obligación frente a nuestra posteridad.


Luciano Fleischer
Juventud Radical GEN
San Isidro
lpanterarte@gmail.com